LA COVITERA

Abril, 2021
Cartel del evento

 

La Covitera es el término coloquial -que usamos los sanitarios del hospital donde trabajo- para designar el circuito independiente de atención donde se ubican los pacientes que tienen diagnóstico o sospecha de covid-19. Como es obvio, este vocablo nació con connotaciones muy negativas, como el miedo, la ansiedad, el peligro de contagio, el esfuerzo mental y físico, la incomodidad y el agotamiento, que con el tiempo se han ido aceptando, suavizando y normalizando.

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El acuñamiento espontáneo de este término es un ejemplo de cómo el lenguaje es uno de de los sistemas permeables donde quedan reflejados los grandes cambios que nos ha traído a todos esta nueva situación pandémica. Se han incorporado al léxico común una cantidad infinita de términos médicos, microbiológicos y epidemiológicos, que nos han servido -y sirven- para acercar y comprender esta nueva situación. Tanto que cualquiera de nosotros, ajeno o no al mundo sanitario, ha llegado o está muy cerca de llegar a la absoluta saturación por el incesante martilleo que se recibe por la mayoría de los medios de comunicación de forma continua.

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El coronavirus ha provocado un terremoto informativo, social, político y económico, y ha alterado nuestros hábitos familiares, sociales, laborales, culturales, etc.. Sin embargo, es ciertamente cuestionable -un año después de la pandemia- que hayamos aprendido algo provechoso y pragmático sobre de todo ello. Más bien parece que haya servido para acelerar y acrecentar las carencias y deficiencias de la sociedad de nuestro tiempo. La experiencia por sí sola no enseña. Todos tenemos la vivencia -más o menos traumática- de la pandemia y sus consecuencias. Pero se necesita además una actitud y disposición de aprehensión, absorción y crecimiento. Es precisamente en ésto en lo que las sociedades actuales demuestran sus insuficiencias, su lentitud, su ensoñación y en ocasiones hasta su orbitación a kilómetros de la realidad.


La Covitera -la obra performativa- propone mediante el tratamiento simbólico de estos conceptos, nuevas interpretaciones de toda esta problemática que ha llegado en avalancha haciendo tambalearse nuestra vida, nuestra seguridad, nuestra comodidad y nuestras relaciones personales. Como bien referencia el filósofo coreano Byun Chul Han, este virus ha sustraído costumbres, libertades, movilidad, rituales y espacios comunes, también la satisfacción de nuestro contacto directo y nos ha sumido en un ilimitado cansancio y extenuación como sociedad. Conseguir que todo este sufrimiento por la crisis pandémica pueda tener una lectura provechosa, pragmática y en ciertos aspectos positiva sólo depende de nuestra actitud a la hora de interpretarla.